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Germà Salvador FargasPor Sandra Gómez. Responsable de comunicación del sector Catalunya.

En la comunidad de La Salle Comtal vive el Hermano Salvador Fargas. Es la cara amable que recibe a los niños y niñas de P3 cada mañana. En la escuela él es muy querido por eso, entre otras cosas, y por sus famosas almendras garrapiñadas.

El jurado de los premios Església Plural decidió por unanimidad el junio pasado concederle el premio Mn. Vidal i Aunós a una trayectoria personal. El Hermano Salvador es presidente de honor de la Fundació Comtal y ha dedicado toda su vida a los niños y jóvenes más frágiles.

Su trayectoria profesional como educador es extensa, ha pasado por La Seu d'Urgell, Berga, Barcelona, Mollet, Badalona, l'Hospitalet, pero hay cuatro grandes momentos a destacar, el primero al Instituto Ramon Albó de Protección de menores, donde estuvo cuatro años, el primero como educador y los restantes como director. El segundo momento, que duró siete años, estuvo en el barrio de Santo Roc de Badalona, donde además de su actividad a la Escuela Proa con niños de etnia gitana, hacía, fuera de horario laboral, clases de alfabetización a las hermanas de los alumnos de la escuela. El tercer momento está en el Hospitalet, en el Centro Els Alps para jóvenes sin hogar. El cuarto momento, que empezó ahora hace 20 años y todavía dura, está en Ciutat Vella dónde ha trabajado intensamente en el Centre Obert J.S.Gavina, en la Escuela Cintra y, actualmente, en el Centre Obert Tria de la Fundació Comtal, de la que ha sido presidente durante ocho años, y ahora es el presidente de honor. Además de toda esta inmensa tarea, el Hermano Salvador fue uno de los impulsores en Catalunya del método de lectura eficaz.

SANDRA: Hermano, ¿cómo acogió el premio?

HERMANO SALVADOR: ¡El día que me lo anunciaron fue una sorpresa! ¡Este premio lo merecería mucha gente tanto o más que yo! Agradecido, muy agradecido por la consideración.

S: El portavoz de Església Plural, Josep Torrents, dijo de usted esto: "el Hno. Salvador se enmarca dentro de este perfil de personas que se pasan la vida haciendo el bien, trayendo felicidad allá donde están pero sin hacer ruido". ¿Se siente identificado?

(ríe)

H.S. : Sí, sí ,sí. Allá donde he ido me he identificado con el lugar donde he estado. Mi teoría es decir "allá donde vas, eres uno más", por lo tanto ama el lugar y a su gente. Y pienso que lo he conseguido y de todas partes conservo un gran recuerdo y pienso que ellos de mí también.

S: Aquí en La Salle Comtal lo aprecian mucho. Es un referente para los niños pequeños.

H.S : Si, en el momento de entrar en la escuela… ¡Estoy muy contento! Decirles buenos días a todos con la mejor cara posible, que el primer referente que tienen del centro sea una sonrisa. Lo hago también con los padres y disfruto.

S: ¿Qué es lo que más le hace disfrutar?

H.S : Ver aquella cara sonriente, como se van acostumbrando en la escuela, como al cabo de unos días va cambiando, se van relajando… vienen más a gusto a la escuela.

S: ¡Es como encontrarse con un abuelo!

H. S: ¡Ya me lo dicen! Abuelo, yayo, …. y lo acepto muy grato, de hecho ya tengo la edad, y me gusta mucho.

S: ¿Algún recuerdo que se pueda explicar?

H.S. : Hombre mira… Algunos te entienden y otros no, de los niños que nos llegan aquí a La Salle Comtal hay muchísimos que no son de aquí y los que nos vienen no han ido a la guardería.

S: Para estos niños esta acogida es muy importante, ¿el lenguaje del corazón es universal, verdad?

H. S. : Sí, creo que es así.

S: Repasamos su trayectoria extensa… Querría preguntarle por su paso por Instituto Ramon Albó de Protección de menores, donde estuvo cuatro años.

H. S. : Para mí fue un cambio de vida, hasta entonces había estado en escuelas "ordinarias". Allí llegaban niños de familias desestructuradas. Entonces yo iba los veranos mientras estaba estudiando en Roma. Me encargaba de los grupos. Eran 460 niños y niñas y suponía mucho trabajo. Siempre miramos porque pudieran tener la atención más individualizada posible. Recuerdo que los sábados había muchas familias que iban a buscar niños pero en un centenar no los venían a buscar y yo mismo los acompañaba. A solas con los 100 niños bajaba en tren desde Parets hasta la Plaza de Cataluña. Los dejaba allá, las familias los venían a buscar y los lunes volvía y los subía otra vez.

S: ¿Mantiene el contacto con alguno de ellos?

H. S. : Ahora no. Una vez me encontré con uno de los muchachos que había tenido (sonríe). Estaba en la Plaza de la Catedral, me llamó "¡Salvador! ¡Salvador!" y me explicó que trabajaba en una pastelería y estaba muy bien. Contento.

S: Seguimos repasando trayectoria. En el barrio de Sant Roc. Duró siete años, estuvo en el barrio de Santo Roc de Badalona, donde además de su actividad en la Escuela Proa con niños de etnia gitana, hacía, fuera de horario laboral, clases de alfabetización a las hermanas de los alumnos de la escuela.

H.S.: Los grandes recuerdos que tengo de aquella época era dar clase al grupo de gitanas. Los padres de los muchachos que venían a clase me pidieron dar clase a las hermanas. Las mujeres y además gitanas no iban a clase. Pasé muy buenos ratos. Les enseñaba a empezar a leer sobre todo, era lo más importante.

S: ¿Se encontró con algunas dificultades?

H.S.: Me tenía que hacer cargo de que algunas venían con ganas y otras no. Yo iba tirando y paciencia.

S: ¿Qué aprendió de aquella experiencia?

H. S.: ¡Qué no somos tan diferentes! Siempre me respetaron y cogieron cierta confianza. No quiero decir nombres pero recuerdo tres que eran muy amigas y un día aparecieron las tres niñas en el piso, me llamaron y me fijé que una tenía muy mala cara… "¿Qué te pasa?" le pregunté, "es que Vicente…." me contesta. Problemas con su amigo. Pasamos la tarde en el piso de la comunidad charlando. Al cabo de 15 días volvieron y la niña me dijo "¡que Vicente se ha casado!" esto era significativo de la confianza que habían cogido conmigo.

S: ¡Mucha! Y después trabajó en el Hospitalet, en el Centro Els Alps para jóvenes sin hogar.

H. S. : Era un centro para jóvenes que no tenían nada, no podían contar con la familia, la mayoría venían del barrio del Raval y allí podrían estar un tiempo hasta que encontraran trabajo. El centro lo llevaban las hermanas del Sant Vicenç de Paül. También recogían personas que pasaban la noche en la calle. Yo me cuidaba de la parte de los jóvenes, al atardecer les asesoraba , hablaba…

S: ¿Y en el Centre Obert Gavina qué tarea hacía?

H. S. : Era hacer repaso y lecturas, estar con ellos, preparaba la biblioteca. También en Cintra. El trabajo con los niños era similar. Lectura, lectura.

S: Me habla mucho la lectura. Usted es el responsable, uno de los impulsores en Catalunya del método de la Lectura Eficaz.

H.S: Sí. Estando yo de director en Berga el Hermano Joan Lluís Casanovas, que era Visitador Auxiliar de Pedagogía, se puso en contacto con un Hermano francés porque allí había todo un método de comprensión lectora. Hizo venir un Hermano aquí. Y en una reunión me interesó como lo explicaba. El Hermano Joan Lluís nos invitó a ir a Francia a ver como lo hacían. Me interesaba mucho. Dos o tres profesoras se engancharon y yo también. La cuestión de leer y después trabajar la comprensión, se hacían unas fichas después de leer para ver si realmente lo habían comprendido o no. Al principio cada cole lo hacía y se las cambiaban entre los profesores. Y entonces el Hermano que llevaba la editorial Bruño en Madrid vio la posibilidad de hacer cuadernos. Empecé con esto. Hice pruebas en Els Alps. Y íbamos con los de Bruño por las escuelas públicas y privadas explicando el método. Yo siempre les decía: leer todo el mundo puede pero leer y recordar lo que has leído necesita un esfuerzo! (Y se toca el frente). Hay que pensar en aquello que leo. He hecho una veintena de cuadernos, ahora ya lo he dejado. Me ocupó muchas horas… ¡Hace más de 25 años que empezó y todavía dura este método! ¡Soy el Hermano de Lectura Eficaz!

S: Ahora ayuda a la Fundació Comtal…

H.S. : Al venir a vivir a La Salle Comtal hacía la recuperación con los niños al principio, lectura,… Después el primer presidente nos dejó y me nombraron a mí y durante muchos años he estado colaborando. Estoy muy bien allí.

S: Usted que ha trabajado en tantos lugares diferentes y con su perspectiva del tiempo, ¿ha visto si ha cambiado algo, la pobreza es la misma?

H. S. : La manera de ser de los niños es la misma pero lo que pasa es que me duele, lo que me cuesta es cuando se hacen mayores y piensan "¿y ahora qué haré yo?". Cuando yo empecé había chicos que tenían posibilidades. Ahora la dificultad es que encuentren un lugar. Antes tenían más posibilidades de salir, ahora ni con ganas a veces se pueden salir.

S: Y la llegada de la inmigración…

H. S. : Si… lo he visto aquí en Ciutat Vella…

S: Se ha tenido que adaptar a una realidad diferente a la que usted había vivido…

H. S. : Yo intento acercarme a ellos, que vean que te preocupas y te interesas, que vean que lo puedes ayudar, a pesar de que a veces te encuentras impotente, pero siempre existe la buena voluntad y dónde no llegamos nosotros que llegue el Señor.

S: ¿Y usted qué se lleva para el alma?

H. S. : El sentirse cercano siempre es reconfortante.

S: Debe de haber reído mucho y llorado mucho, Hermano…

H.S. : Hay un poco de todo, hay un poco de todo…

S: ¡Yo no puedo marchar sin hablar de sus almendras garrapiñadas! Le gusta mucho hacer postres. (Ríe) Yo creo que esta pregunta ya se la esperaba.

H.S. : A ver, yo hasta los 43 años no había hecho absolutamente nada de cocina, ni un huevo frito. Al ir a Sant Roc empezamos a vivir la comunidad en un piso y tuvimos que empezar a hacerlo todo. El tema de los postres vino más tarde. Las garrapiñadas fue al venir a Comtal. Había un Hermano que vivía en Berga que hacía y un día que hicimos un paseo juntos él las cocinó. Y a mí me gustaron tanto que le pedí la receta. La primera prueba se fue a la basura.. (se ríe) y ahora he ido tirando, ¡es una cosa que gusta mucho! Después te lo enseño. Y como va tan bien para picar las traigo a las reuniones de escuelas, a los maestros, fiestas…. siempre van bien. Y después pasteles de todo tipo, galletas, tortoles, panellets… ¡y todo lo que convenga! En esto lo que más me reconforta es hacer el pastel de aniversario de los niños del CRAE y vienen a buscarlo.
Al ver que la gente está contenta yo también lo estoy.

Sé muy bien que esta es una frase que repite mucho. Y es además el lema del curso. Y quizás por eso me acompaña a su "laboratorio culinario" me invita a unas galletas y me regala un bote de sus más que famosas y buenísimas garrapiñadas. ¡Si tenéis oportunidad, no os las perdáis!

Gracias Hermano Salvador.

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