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El COLECTIVO DE APOYO Y SEGUIMIENTO A MENORES Y JÓVENES ALUCINOS - La Salle, nace hace casi quince años con la idea de trabajar con las personas del barrio de San Fermín que están o puedan estar en una situación de riesgo social.
Nos encontramos con un barrio empobrecido y castigado muy duramente por el desempleo, las drogas, el fracaso escolar, la falta de medios, infraestructuras recursos...
Familias rotas, con la ausencia de algún miembro (padre o madre en la mayoría de los casos), dependencia de los servicios sociales y de otras ayudas sociales, cuando no buscan una salida –no siempre legal- a su precaria situación económica, siempre buscando paliar unas condiciones de vida y un futuro incierto.
Jóvenes con un problema muy serio de consumo de drogas (heroína y cocaína principalmente, y alcohol) y de desestructuración personal y social, sin ayudas y sin salida; cada vez más anulados, más deteriorados, a los que no se les presentaba si quiera un futuro.
Enseguida nos dimos cuenta de que no bastaba sólo con intervenir sobre el problema, sino que también era importante la prevención, porque estos jóvenes tenían hijos pequeños. Y veíamos que iban a pasar por el mismo camino que sus padres.
Actualmente la incidencia de las drogas en el barrio sigue siendo preocupante. El desmantelamiento del asentamiento de Torregrosa (uno de los principales focos de venta de droga) ha provocado que ha descendido la edad de inicio en los consumos, y aunque los jóvenes tienen más información acerca de las drogas, sus efectos y sus consecuencias, siguen entrando en el juego.
Sus padres, también consumidores, están muertos, enfermos terminales, presos o desaparecidos. Muchos de ellos viven con los abuelos, no tienen esa referencia paterna o materna y su casa es el lugar donde duermen y comen. Viven su tiempo en la calle. Han abandonado el colegio muy tempranamente, no tienen una formación adecuada (ni siquiera el Graduado Escolar) que les permita lograr un trabajo digno. Se aburren, y no buscan una salida porque no tienen dónde buscar.
La mayoría ya tiene problemas con la justicia. Ha cometido algún delito menor que les ha hecho conocer de primera mano la dureza de los centros de reforma, los calabozos de las comisarías, de la cárcel. Sale peor, con menos posibilidades de inserción, más desesperanza...
Conocen las drogas, las tienen a mano, y consumen para divertirse, para evadirse... para hacer algo.
Además, en los últimos años hemos ido viendo cómo el número de inmigrantes que acuden a nuestro país en busca de una vida mejor es cada vez mayor. Y mayor es el número de jóvenes inmigrantes que acuden a nuestras actividades.
Empezamos con pocos medios. Quince años después, nuestra tarea sigue siendo ardua, dura y, a veces, recompensada con una éxito en el cole de algún chaval, un abandono de consumo de drogas por otro o un trabajo remunerado y con contrato por otros. Nos mueve el entusiasmo y la firme creencia de que entre todos podemos cambiar una sociedad, unos valores, unas actitudes y unas situaciones que promueven la desigualdad y la marginación en nuestros barrios.
Nuestro trabajo está en el barrio, con los chavales y sus familias, en la calle. No podemos cambiar una realidad si no estamos allí.
Podemos decir que hemos logrado crear una base sólida: nuestro Taller Alucinos, donde acude la gente del barrio (y de otros barrios) y donde vienen a encontrar información, asesoramiento, talleres formativos y apoyo a sus problemas -que no son pocos-.
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