reflexion mayo
1º de Mayo de 2010
¡LLEGÓ MAYO!
¡Amigos! ¿Os dais cuenta que se nos ha venido encima ya el mes de Mayo? Enfilamos la última recta del Curso. Hay que seguir en el esfuerzo. Hemos de llegar con valentía a la meta. Se nos concede un tiempo valioso para conseguirlo.
Mayo es el centro de la primavera. Por eso es un mes precioso: el mes de las Flores, decimos; el mes de María en el que se celebran también acontecimientos espirituales como las Primeras Comuniones de muchos niños y niñas; y el mes en que se ponen a prueba los últimos esfuerzos de nuestra voluntad para acabar con éxito el Curso…
¡Y qué cantidad de fiestas, de compromisos, de generosidad juvenil! Por eso ponemos todo bajo la protección de María, la buena Madre que nos comprende. Y siempre tenemos de fondo y ejemplo a nuestra madre que nos dio la vida. No lo olvidéis: María, la Virgen, nunca nos abandonará. Es nuestra Madre. Y siempre la tenemos cercana a nosotros, siempre a favor de sus hijos.
¿Recordáis en el Evangelio el banquete de las Bodas de unos amigos, en el pueblo de Caná, cerca de Nazaret donde vivía Jesús y su Madre? Jesús, con sus amigos, fueron invitados a esa boda. Y también estaba allí, la Madre de Jesús, María. ¡Qué suerte! Por su medio, su preocupación y súplica se salvaron los novios de una vergüenza tremenda. Porque no tenían bastante vino y aquello iba a terminar en un fracaso… María se dio cuenta y se dirigió con toda su fe a su Hijo Jesús para que lo arreglara. Jesús hizo caso a su Madre y, así, aquellos jóvenes esposos se libraron de burlas, preguntas maliciosas y cuanto les hubiera amargado el día de su boda.
Ahí está el ejemplo: Si nosotros sabemos acudir a la protección de la Virgen, que siempre nos hace caso, estamos seguros de que nos ayudará su Hijo. Pero hemos de saber poner toda nuestra confianza en Ella. Hemos de rezar con fe, pedir su ayuda maternal.
Sigamos celebrando, pues, durante todo el mes este cariño de María, nuestra Madre del Cielo. ¡Que no nos fallará! Y agradezcamos también el amor de nuestra madre de familia, que es para cada uno la mejor persona en nuestra vida. Sepamos amarla y gozar con ella. A vivir felices.
Hno. Pascual Gregorio




